Ciclismo: posiciones incorrectas y lesiones

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Ciclismo: posiciones incorrectas y lesiones

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El ciclismo, a unido los innumerables beneficios de practicar de manera habitual deporte y han conseguido hacer resurgir la pasión por la bicicleta; un mundo que cada día cuenta con un mayor número de adeptos de todas las edades.

A pesar de no ser concebido como una actividad de impacto, el ciclismo, también puede generar ciertas lesiones que, de no ser tratadas por un profesional de la fisioterapia, podrían ocasionar innumerables complicaciones al deportista, especialmente en la articulación de la rodilla.

Según recientes estudios,  existe una relación evidente entre este tipo de afecciones y los defectos de ejecución en la práctica; es decir, el origen en gran parte de las lesiones más comunes de este deporte se debe a una posición errónea en la bicicleta. Este hecho no debe extrañar, ya que el ciclismo, a pesar de no suponer especialmente riesgo, se basa en una repetición o sucesión continua de flexión y extensión de las articulaciones de la rodilla, cadera y tobillo. El movimiento también implica a la zona lumbar y abdominal, y en menor medida al cuello, la muñeca o el brazo. En función de la situación, la tensión incidirá en uno u otro grupo muscular o articular, pudiendo llegar a generar problemas por una falta de armonía. Una mala posición podría, por ejemplo, sobrecargar la rodilla o la musculatura generando al deportista problemas de distinta índole.

Actualmente, los expertos recomiendan realizarse un estudio biomecánico que solvente las dudas de adaptabilidad de la bicicleta al ciclista, especialmente cuando la práctica se produce de manera intensa. El estudio deberá ser llevado a cabo por profesionales especializados, cada día más presentes en este deporte, que definirán cuáles son las medidas apropiadas en función de las características de su propio cuerpo; es decir, un trabajo de adaptación de los diferentes componentes de la bicicleta a las necesidades del deportista.

Algo de crucial importancia, que a veces pasa desapercibido, es la altura del sillín. Tener la precaución de colocarlo a una altura y posición adecuadas, puede evitarnos, entre otras cosas, sufrir meniscopatías,  condromalacia rotuliana, tendinitis rotuliana, del cuádriceps, de la banda iliotibial e incluso dolor de cuello o lumbalgia.  La posición correcta de la rodilla en función del sillín deberá no ser inferior en extensión a 140 grados y en flexión rondar los 25 a 30.

Igual de esencial es reparar en la altura y posición del manillar, la alineación de las calas o la longitud de las bielas, responsables directas de la presión que se ejercerá sobre la rótula.  Para una mejor distribución de las presiones y mejorar la confortabilidad y estabilidad, se recomiendan el uso de plantillas especializadas, adaptadas a cada ciclista.

Para completar la adaptación, deben tenerse en cuenta ciertas características anatómicas del deportista, como la elasticidad, algunas lesiones anteriores que puedan producir alteraciones en la pedalada o posibles dismetrías entre sus extremidades, que marquen la posición de los elementos de la bicicleta; pero también atender a la exigencia en la práctica y los objetivos marcados por el deportista.

Gracias al ciclismo mejoramos nuestra forma física, reforzamos el sistema cardiovascular e inmunológico, aumentamos la capacidad respiratoria o mejoramos nuestra autoestima. Pero no debemos olvidarnos de practicarlo, como cualquier otro deporte, desde la responsabilidad con nosotros mismos, procurando acudir a un profesional a la mínima molestia.


Fisioterapia Arantxa Sanchis