¿Son útiles los cascos correctores?

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¿Son útiles los cascos correctores?

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Desde que en los años 90 se generalizó la recomendación de poner a los bebés a dormir boca arriba, las muertes súbitas del lactante se han reducido en más de un 50%. Sin embargo, la práctica también ha llevado aparejado un efecto secundario: el aumento de los casos de deformidad craneal de origen postural.

Fisioterapia Arantxa Sanchis

El cráneo de los bebés es muy maleable, por lo que una presión constante, como la que genera pasar mucho tiempo en la misma posición, puede producir aplanamientos simétricos o asimétricos en la cabeza. Para corregir este problema, los especialistas indican medidas posturales -como cambiar la posición lateral de la cabeza mientras el niño duerme-, y en los casos en los que esto no funciona se valora la posibilidad de realizar un tratamiento con ortesis craneal, lo que se conoce como casco corrector.

En los últimos años ha aumentado considerablemente el uso de estas ortesis que actúan como un molde externo para el cráneo y han de llevarse durante prácticamente todo el día. Sin embargo, un estudio publicado esta semana en la revista British Medical Journal duda de sus ventajas.

Según sus conclusiones, que se obtuvieron tras realizar un seguimiento a 84 niños con deformidades posturales en sus cráneos,no había diferencias en la evolución de los pequeños que llevaban casco en comparación con los que no recibieron ningún tratamiento.

“Nuestro estudio indica que la terapia con casco no aporta ningún valor adicional en el tratamiento de las deformidades craneales de moderadas a severas de niños sanos”, señalan los investigadores, liderados por Renske M. van Wijk, de la Universidad de Twente (Holanda).

Según subrayan, el suyo es el primer estudio controlado y randomizado que analiza la efectividad de las ortesis craneales para las deformidades posturales del cráneo.

En concreto, este equipo realizó un seguimiento a los niños hasta los dos años de edad. A la mitad de ellos se les había indicado un casco corrector a los seis meses -que llevaron durante otro medio año-, mientras que el resto no recibió ninguna terapia específica.

Los resultados, que los científicos evaluaron con mediciones craneales, fueron similares en ambos grupos. Pero, además, todos los padres de los niños con ortesis manifestaron algún tipo de efecto secundario relacionado con el casco. Los más frecuentes fueron irritación de la piel, dificultad para abrazar al pequeño, mal olor, sudor y dolor. Eso sí, todos los progenitories se mostraron satisfechos con los resultados.

Sólo un cuarto de los niños estudiados -de ambos grupos- desarrollaron una recuperación total, si bien en algunos casos la deformidad que persistió podría no ser apreciable a simple vista.

En las conclusiones de su trabajo, los investigadores señalan que, basándose en los datos obtenidos, “desaconsejamos el uso de un casco como tratamiento estándar de niños sanos con una deformidad de moderada a severa”.

En cualquier caso, piden más investigaciones sobre el tema y recuerdan que sus conclusiones podrían no ser aplicables a casos complejos, niños con deformidades especialmente graves, prematuros o aquellos que presentaran tortícolis muscular.

Para Fernando Carceller, neurocirujano del Hospital Universitario La Paz de Madrid y autor de un capítulo de recomendaciones para el diagnóstico precoz del problema recogido por la Asociación Española de Pediatría, si bien hay que tener en cuenta las conclusiones de un estudio randomizado como el citado, “antes de sacar conclusiones definitivas sobre el tema, también hay que contar con los resultados de nuevas investigaciones” y, sobre todo, despejar algunas de las dudas que plantea la metodología del trabajo.

El hecho de que se hayan analizado pocos casos, que no hayan participado expertos en cráneo o que se hayan excluido a los niños con tortícolis -presente “en más del 90% de los niños con deformidades de origen postural”- exige que “se tome con reservas” la conclusión de que las ortesis no son muy efectivas, subraya.

Carceller indica que, en general, el casco se indica durante un tiempo menor al del estudio (lo habitual es que en tres meses se haya corregido la deformidad) y que puede valorarse como opción mientras el hueso craneal no tenga mucho espesor (en algunos niños esto puede ocurrir hasta el año y medio).

Para este especialista, es fundamental contar con una ortopedia de calidad que realice la ortesis más adecuada para el niño, porque, si no están bien hechas, su utilidad puede bajar. “En el estudio dice que se usaron ‘cascos’ de dos ortopedias diferentes y ese punto también es importante”, señala.

En nuestro país las ortesis que se indican para deformidades posturales no congénitas no están cubiertas por la seguridad social.

Por suerte, la Fisioterapia y Osteopatía puede ayudar al niño a corregir las malformaciones provocadas por el parto o una mala postura.

La importancia de la prevención

Para evitar la aparición de la deformidad postural, son aconsejables una serie de medidas:
  1. Cuando el niño esté despierto -y siempre bajo supervisión- colocarlo boca abajo al menos una hora al día (media hora por la mañana y media por la tarde).
  2. Cambiar de lado el apoyo de la cabeza de forma alternativa cuando se ponga el niño a dormir.
  3. Cambiar la posición de la cuna en la habitación ya que el niño coloca su cabeza hacia el lado en que oye ruido.
  4. Evitar en todo lo posible las presiones constantes y tener precaución con las sillas con cabezal muy ajustado.
  5. Coger con frecuencia al niño en brazos para reducir el tiempo de apoyo occipital.
  6. El diagnóstico precoz es fundamental, por lo que, ante cualquier síntoma, es fundamental consultar con el pediatra, que valorará si se trata de un problema postural, las medidas a llevar a cabo y la necesidad de derivar el problema a neurocirugía.

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