Las malas posturas incrementan el riesgo de hernia discal

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Las malas posturas incrementan el riesgo de hernia discal

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 El dolor de espalda es uno de los problemas de salud más frecuentes en la sociedad actual. Se calcula que el 80 % de la población lo padece o lo padecerá en algún momento de la vida. El dolor de espalda puede darse por diferentes causas: puede tratarse de una lesión de la columna vertebral o, sencillamente, por la reiteración de gestos poco ergonómicos y posturas poco higiénicas. La mejora de estos hábitos reduce de forma considerable el riesgo de padecer dolor en la espalda, o incluso de tener una afección tan importante como es la hernia discal.

La hernia discal es una ruptura completa del anillo fibroso de los discos que separan las vértebras (disco intervertebral). Esta ruptura conlleva que el núcleo pulposo de este anillo se desplace hacia el canal medular, el espacio por donde pasa la médula espinal. Como consecuencia, el paciente que la padezca puede sufrir dolor la espalda y también dolor irradiado hacia las extremidades.

1. Causas de la hernia discal

Protrusión del núcleo pulposo de un disco intervertebral hacia una raíz nerviosa.

Los vicios posturales y la falta de hábitos higiénicos al sentarse o, de manera especial, al levantar pesos, son factores que pueden favorecer la aparición de este tipo de hernia. También puede suceder cuando no se activan correctamente los músculos de la espalda mientras se realiza ejercicio físico. Se trata de hábitos que pueden favorecer, desviar o modificar las curvaturas existentes en la columna vertebral.

Progresivamente, las vértebras dejan de flotar sobre los discos intervertebrales y los movimientos los guían las articulaciones vertebrales. Estos gestos, repetidos a lo largo del tiempo, pueden tener como consecuencia que la presión sobre el disco sea asimétrica, y por tanto, que se abombe o que se produzcan pequeñas rupturas en el anillo fibroso. Hay que tener muy presente este dato: las malas posturas pueden incrementar hasta 10 veces la presión que recibe el disco intervertebral, con lo que pierde eficacia en su función natural: amortiguar la presión existente entre las vértebras.

Normalmente en el origen de las hernias discales encontramos un problema de hipermovilidad en una o más vértebras: como la posición del cuerpo es forzada, la espalda debe adaptarse. De hecho, esto implica que otros segmentos se encuentran, posiblemente, demasiado rígidos. El sobreesfuerzo de este segmento provoca, en primer lugar, la aparición de la fatiga, y posteriormente, puede desencadenar la aparición de la hernia.

Sin embargo, debemos tener presente que no existe una causa única que provoque la hernia discal. Más bien se trata de un cúmulo de factores que desencadena el dolor de espalda, e inicia el proceso que puede culminar en la hernia. Sin embargo, parece evidente que los hábitos posturales y el estilo de vida son uno de los factores de riesgo más destacados, aparte de la propia resistencia de los tejidos espinales que pueda tener cada persona (fortaleza de la musculatura, de los ligamentos, etc).

2. Prevención de la hernia discal

El mejor tratamiento contra esta afección de la espalda es sin duda el preventivo. Hay que tener conciencia de las malas posturas, y no sobrecargar la espalda. Esto es especialmente importante cuando levantamos y dejamos pesos en el suelo: la fuerza se realizará con los brazos y las piernas, nunca con la espalda. Hacer ejercicio físico regularmente, según las capacidades y los intereses de cada persona, también es un elemento que ayuda a la prevención de esta dolencia. Finalmente, hay que tener unos buenos hábitos de salud en general (alimentación correcta, descanso adecuado, etc).

El cuidado del estrés también puede ser un factor influyente a la hora de prevenir la hernia discal. El equilibrio mental acaba afectando siempre el equilibrio corporal, lo que hace que las situaciones que provocan malestar emocional al paciente influyan de forma decisiva en la aparición del dolor de espalda. El estrés genera toda una serie de tensiones musculares que se acumulan en la espalda y que acaban haciéndola más vulnerable. Además, la personalidad de cada uno es algo que se acaba reflejando en la postura corporal que adopta, aparte de que cada estado emocional también tiene una correspondiente reacción corporal.

Existen métodos de reeducación de la postura, por si tenemos demasiado interiorizados hábitos poco higiénicos a la hora de sentarse (la espalda debe estar recta y sin forzarse).

3.¿Qué puede hacer la Osteopatía para la hernia discal?

El tratamiento osteopático no sólo se centra en aliviar los dolores de espalda que provoca la hernia discal. Además, trata de detectar la causa (o causas). Sólo de esta manera se consigue eliminar los factores mecánicos y viscerales que han originado la lesión. En algunos casos puede tratarse incluso de una mala postura más insospechada (como una incorrecta posición del pie que acaba repercutiendo en cómo se adapta la espalda). Esto se debe a que nuestro cuerpo es una red de tejidos donde todas las partes están interconectadas.

La osteopatía propone técnicas de terapia manual para tratar el dolor que sufre el paciente con hernia discal, técnicas que estarán adaptadas a las necesidades y las características particulares de cada persona. El tratamiento osteopático está orientado a restablecer el correcto funcionamiento de todo el cuerpo; desde la vértebra donde se origina el problema hasta las extremidades afectadas.

 


Fisioterapia Arantxa Sanchis